El mirador del oso andino

Fecha: 11 de Febrero de 2018   Nos fuimos con Vero a visitar un lugar que yo había visto por internet hace tiempo. Una casita perdida en un pueblo cercano de Ibarra llamado San José de Sigsipamba. Las imágenes casi diarias de avistamientos de oso de anteojos promocionadas en su facebook llamaban la atención e incitaban a ir hacia allá.   Cuando llegamos, anocheciendo, nos estaba esperando Danilo, entusiasmado y ansioso por mostrarnos los osos de anteojos que se pueden ver al otro lado de la quebrada a la que da su propiedad. Cenamos un plato tradicional mientras escuchamos mil historias

Amarillo era el infinito

Fecha: 20 y 21 de Enero de 2018   Empieza el nuevo año 2018, y desde que llegué a Ecuador, muchas personas me habían hablado de uno de los atractivos menos conocidos del país; los guayacanes en flor. Os preguntaréis qué es un guayacán, igual que me lo preguntaba yo. Se trata de un árbol característico del bosque seco cuya madera ha sido tradicionalmente utilizada para la elaboración de muebles muy resistentes. En Ecuador, hay una gran cantidad de estos árboles en la frontera Ecuador-Perú, conformando una reserva de la biosfera de aproximadamente 500.000 hectáreas denominada “Reserva de la Biosfera Bosque Seco”.

Fin de un viaje inolvidable

Después de recorrernos media península yendo y viniendo y subiendo y bajando por los pueblos más recónditos, llegamos a Cuenca, ciudad homónima a la ecuatoriana y que yo quería que Vero conociese. Nos despertamos un 24 de diciembre con un frío abrumador y echamos a caminar por las cuestas de esta bonita ciudad. Paseamos a orillas del río Huécar hasta llegar al puente San Pablo, desde donde se puede disfrutar de la pintoresca vista de las casas colgadas. Se trata de los vestigios de lo que eran las viviendas habituales del centro de la ciudad, de las que hay constancia desde el siglo XV. Actualmente quedan solo unos balcones voladizos en una esquina del casco antiguo. 

Jaén, la joya desconocida

Como adelantaba en la entrada anterior, llegamos a Jaén por la noche, y allí nos encontramos con mi amigo Luis, al que llevaba unos 10 años sin ver aproximadamente. Fue un encuentro formidable, como si no hubiese pasado el tiempo, y nos llevó por las calles del Jaén histórico, donde sus amigos estaban pidiendo el aguinaldo vestidos de tuna y paseando al auténtico burrito sabanero, que en este caso no va camino de Belén, sino de Jaén! Conocimos los bares de tapas más míticos de la noche jienense, comimos las mejores tapas y paseamos por múltiples rincones. Además tuvimos mucha suerte, porque la catedral estaba abierta de noche (y con entrada gratuita) debido a que se celebraba el concierto de la Cantoría de Jaén por los últimos días del año y la víspera de la navidad. Nos quedamos un rato escuchando los cantos y salimos para seguir tomando cerveza.

Del Mediterráneo hacia la sierra jienense

Desde Albaricoques nos dirigimos hasta Mojácar, previo paso por Sorbas, un pequeño pueblo al borde de un acantilado famoso por las formaciones kársticas y cuevas producidas por la erosión del río Aguas. Tratamos de ir pero era necesario contratar una excursión y no se puede entrar cuando a uno le plazca, así que nos quedamos sin verlas. Sin embargo sí pudimos disfrutar de un paseo por los múltiples miradores del pueblo y de su mercadillo ambulante. Más adelante, llegamos hasta Mojácar, pueblo blanco donde los haya enclavado en lo alto de una montaña y que ha sido poblado por las múltiples culturas que han pasado por la península. Fue uno de los últimos puntos más asediados en la reconquista y rendición clave para la caída del Emirato de Granada.