Fin de un viaje inolvidable

Después de recorrernos media península yendo y viniendo y subiendo y bajando por los pueblos más recónditos, llegamos a Cuenca, ciudad homónima a la ecuatoriana y que yo quería que Vero conociese. Nos despertamos un 24 de diciembre con un frío abrumador y echamos a caminar por las cuestas de esta bonita ciudad. Paseamos a orillas del río Huécar hasta llegar al puente San Pablo, desde donde se puede disfrutar de la pintoresca vista de las casas colgadas. Se trata de los vestigios de lo que eran las viviendas habituales del centro de la ciudad, de las que hay constancia desde el siglo XV. Actualmente quedan solo unos balcones voladizos en una esquina del casco antiguo. 

Jaén, la joya desconocida

Como adelantaba en la entrada anterior, llegamos a Jaén por la noche, y allí nos encontramos con mi amigo Luis, al que llevaba unos 10 años sin ver aproximadamente. Fue un encuentro formidable, como si no hubiese pasado el tiempo, y nos llevó por las calles del Jaén histórico, donde sus amigos estaban pidiendo el aguinaldo vestidos de tuna y paseando al auténtico burrito sabanero, que en este caso no va camino de Belén, sino de Jaén! Conocimos los bares de tapas más míticos de la noche jienense, comimos las mejores tapas y paseamos por múltiples rincones. Además tuvimos mucha suerte, porque la catedral estaba abierta de noche (y con entrada gratuita) debido a que se celebraba el concierto de la Cantoría de Jaén por los últimos días del año y la víspera de la navidad. Nos quedamos un rato escuchando los cantos y salimos para seguir tomando cerveza.

Del Mediterráneo hacia la sierra jienense

Desde Albaricoques nos dirigimos hasta Mojácar, previo paso por Sorbas, un pequeño pueblo al borde de un acantilado famoso por las formaciones kársticas y cuevas producidas por la erosión del río Aguas. Tratamos de ir pero era necesario contratar una excursión y no se puede entrar cuando a uno le plazca, así que nos quedamos sin verlas. Sin embargo sí pudimos disfrutar de un paseo por los múltiples miradores del pueblo y de su mercadillo ambulante. Más adelante, llegamos hasta Mojácar, pueblo blanco donde los haya enclavado en lo alto de una montaña y que ha sido poblado por las múltiples culturas que han pasado por la península. Fue uno de los últimos puntos más asediados en la reconquista y rendición clave para la caída del Emirato de Granada.

Cabo de Gata, acantilados, playas y horizonte

Por la mañana temprano salimos desde Almería paralelos al Mediterráneo hasta llegar al centro de interpretación de las Amoladeras, donde nos facilitaron un mapa y nos explicaron sobre los diferentes atractivos del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, un lugar precioso y controvertido, donde día tras día luchan la conservación y el turismo descontrolado. En los alrededores del centro de interpretación nos encontramos con un paraje de agaves florecidos espectacular.

Desde allí nos fuimos adentrando hacia San Miguel de Cabo de Gata, previa parada en los miradores de las salinas características de esta zona, donde habitan los flamencos y cientos de otras aves. Abundan también los birdwatchers ingleses con sus telescopios y prismáticos que siempre ayudan en la localización de aves minúsculas perdidas en el horizonte. Dejando atrás San Miguel llegamos hasta un pequeño asentamiento pescador llamado La Fabriquilla, donde cohabitan la extracción de sal y la pesca artesanal hasta le día de hoy, un paisaje que parece sacado de un cuento y con costumbres atrapadas en el tiempo.

De Sierra Nevada hasta Almería pasando por el desierto

Ya llegábamos al ecuador de nuestro viaje, pero aún faltaban, en el camino por recorrer, lugares tan espectaculares como los ya visitados y dejados atrás. La primera parada en esa mañana soleada fue el pueblo de Guadix, enclavado en las estribaciones de Sierra Nevada, con una catedral preciosa y miles de casitas de teja rodeándola. Subimos hasta lo alto de un mirador para contemplar el pueblo y las montañas nevadas al fondo.