Copán, ruinas y dieciocho conejos

El viaje relámpago de este fin de semana ha sido del todo improvisado, me llamaron el viernes y me dijeron “hay un espacio en un carro camino a Copán, te animas?” y claro, no pude decir que no. En cinco horas nos plantamos en el pueblo de Copán Ruinas, tras pasar la frontera El Salvador-Guatemala y Guatemala-Honduras. El pueblo es pequeñito, con su placita, su iglesia y MUCHA tranquilidad. Los paseos por el pueblo a la noche han sido algo de agradecer. Pero el atractivo del lugar son las ruinas mayas que se encuentran a 10 minutos caminando. No son enormes,

Comayagua y sus balnearios artificiales

El jueves y el viernes se realizaron unas jornadas sobre cambio climático en Siguatepeque, Honduras, y para allá que me llevaron en un microbusito, porque me tocó hacer una presentación en el evento. Pasamos dos días muy entretenidos, ya que, además de lo interesante del acto, por las noches siempre caían unos flor de caña para fomentar la plática y amistad entre los participantes. Tanto fue así, que decidí quedarme hasta el domingo, visitando una pequeña ciudad colonial llamada Comayagua junto con mis compañeras de Progressio Honduras.                            

Entre bosques nebulosos, trifinios y quetzales

Este fin de semana fuimos al parque nacional de Montecristo, junto con El Imposible, las dos únicas zonas protegidas eficazmente de El Salvador. Hay que solicitar permiso al ministerio de medioambiente para poder acceder al lugar, aunque es curioso como el área recreativa se llena de domingueros los domingos, valga la redundancia, que nunca llegan a adentrarse en los atractivos senderos que posee este parque. Con acceso únicamente desde la zona salvatrucha, el cerro trifinio es la frontera entre Guatemala, Honduras y El Salvador. La subida hasta la cima es bastante sencilla, con un agradable paseo entre helechos arborescentes, orquídeas, musgos,

Tegucigalpa. Entre picachos y montañas

Tras un viaje atravesando Estados Unidos y miles de controles aduaneros de todo tipo que mejor ni mencionar, aterrizamos en Teguz, capital Hondureña montañosa y de complicado aterrizaje. Me vinieron a buscar de Progressio, me enseñaron la oficina, me presentaron a la gente de la sede de Honduras y me llevaron al hotel para descansar. Al día siguiente, ya con el jet lag superado, como cada día tuve reuniones con cada una de las personas de progressio. Yo que me imaginaba triste y aburrido encerrado en el hotel por las noches, me encontré una gente impresionante que me sacó a cenar,

Vuelvo y revuelvo

Ya era hora de anunciarlo por aquí también, pero no quería hacerlo hasta que no estuviese del todo claro, es decir, con el billete en la mano y una hora de salida exacta. Me vuelvo a El Salvador, lindo y pequeño país. Esta vez de mano de una ONG inglesa llamada Progessio, pero para trabajar en la UNES de nuevo. La verdad es que estoy encantado de poder seguir participando en esta batalla.  Tengo que pasar por los Estados Unidos, y seguro que después de los registros no vuelvo a ser el Sergio que todos conocen, encantado de haberos conocido y