Salir de Swazilandia es sencillo

Tras estos días de pausa, lluvias, destrucción de carreteras y dolores de cuello debido al cuatro por cuatro, recupero el acceso a internet y tengo un tiempo para seguir contando el pequeño paseo por el Sur de África. Retomamos camino hacia otro parque de Swazilandia, esta vez hacia Mlilwane Wild Sanctuary, un lugar mágico donde puedes dormir en las casas tradicionales Swazis, y muchas de las rutas que se pueden hacer son a pie, no hay grandes carnívoros, y las zonas de cocodrilos e hipopótamos, están relativamente controladas. Darse un paseo entre cebras y ñus con toda tranquilidad por la mañana

Hlane, leones entre monocultivos

Entré en Swazilandia consciente de dónde estaba entrando. El país con el índice de VIH más alto del mundo. Un país pequeño, donde su población está concentrada y del que yo desconocía prácticamente todo, salvo que existe un rey bastante peculiar que tiene nosecuantas esposas y nosecuantos miles de hijos. En el propio puesto fronterizo hay un dispensador de condones, y no te los dan de uno en uno, no; te dan un paquete con una docena de preservativos, lo que impacta a cualquiera nada más llegar. En fin, un país que yo imaginaba chocante resultó convertirse para mi, en el

Carretera y abismos

Estoy escribiendo esto con un chorro constante de sudor resbalando desde mis sienes hasta la barbilla; las gotas se me acumulan en el pantalón, que va filtrando el humano fluido y provocando una mancha de aspecto desagradable que no para de crecer. Me encuentro en Pemba, sin electricidad, y por tanto, sin ventilador. No hay nada más desagradable que la humedad dentro de un edificio de cemento situado en pleno meollo de una ciudad tropical. Aprovecho mis últimos minutos de energía en la batería del portátil para escribir esto, mientras espero al servicio de reparaciones eléctrico, que puede demorar una hora,