Al norte del Tahuantinsuyo

Fecha: 2 de diciembe de 2022 a 6 de enero de 2023

Sigo actualizando el blog cada vez con más retraso, pero lo importante es seguir contando historias aunque sea con una descompensación temporal considerable.

En aquellas navidades nos fuimos a Quito a visitar a la familia de Vero, pero no solo nos quedamos en eso, aprovechamos para visitar también algunos lugares bonitos, entre ellos la ciudad de Cuenca, donde ya estuve en ocasiones anteriores.

En esta ocasión, desde Cuenca, nos desplazamos hasta las ruinas incas de Ingapirca; quizás la ruina más espectacular en los confines del imperio inca. Originalmente fue un asentamiento cañari que fue tomado por el inca y en cuyo lugar construyeron este templo con planta circular, la única de todo el Tahantinsuyo. Además de encontrarse en una ubicación bastante aislada, recibe muy poco turismo, por lo que estuvimos prácticamente solos recorriendo este magnífico lugar, en el que pastan plácidamente algunas llamas. El sitio está bien cuidado, con un pequeño pero bastante bonito, explicando la historia y representando ritos religiosos y funerarios de esta población, así como la historia del pueblo cañari, previo a la llegada de los incas.

De regreso, paramos en la ciudad de Azogues para comernos unas cascaritas, una de las delicias de la gastronomía ecuatoriana, típica de esta región del país, y continuamos camino hacia dos poblaciones cercanas llamadas Gualaceo y Chordeleg, ambas conocidas por sus artesanos, además de ser pueblos de gran belleza. En Chordeleg son típicas las filigranas de plata y otro; la plaza está totalmente abarrotada de joyerías que ofrecen piezas cada cual más bella. En Gualaceo son típicos los tejidos bordados a los que denominan “makanas”, pero también lo son los zapatos. Por supuesto que tuvimos que comprar de todo y volver a Cuenca con las manos llenas y los bolsillos vacíos.

Aunque solamente dormimos tres noches en la ciudad de Cuenca, pudimos aprovecharla bastante, paseando por sus bonitas y coloniales calles iluminadas por luces navideñas. Además, aprovechamos para ver el tranvía que funciona desde hace ya algunos años. La última vez que estuve, media ciudad estaba levantada por esta obra que ahora se disfruta. Le da un dinamismo a la ciudad increíble, ha reducido el número de autobuses y también (un poco) el tráfico vehicular.

Uno de los rituales más típicos de esta ciudad ocurre en el mercado 10 de Agosto, donde las “Guardianas de la Salud” te purifican restregándote todo tipo de plantas, echándote ungüentos y frotándote un huevo crudo que posteriormente abren y te muestran la yema, para analizar las posibles enfermedades que pudieses tener y que acaban de sacarte mágicamente. Utilizamos a Verónica de conejillo de indias, que recibió unas friegas que la dejaron “como nueva”.

El segundo día nos dirigimos al Parque Nacional El Cajas, que también había visitado en otros viajes, pero que siempre es espectacular y muy bonito de disfrutar. Como empieza a ser una tradición, desayunamos en la hostería “2 Chorreras”, y después nos asomamos al mirador de la laguna La Toreadora, aunque esta vez nadie se animó al paseíto por el páramo.

Eso sí, a lo que sí que se animaron mi suegra y mi cuñada fue a visitar el Santuario de la Virgen de El Cajas. En 1988 a una señora llamada Patricia Talbot, se le apareció la Virgen María en su habitación, iluminando toda la casa con su luz. Después de eso, se le fue apareciendo en diferentes lugares, hasta que en un momento dado, le indicó que debía encontrar un lugar en las montañas para crear un santuario. Tras irse a caminar por el páramo en El Cajas, un rayo de luz iluminó el punto exacto donde existe hoy este santuario. Desde ese momento y hasta 1990 hubo “apariciones” o fenómenos extraños y visuales que varios peregrinos comenzaron a observar. Lo más divertido es que esta mujer entraba en trance y transmitía mensajes de la Virgen hacia todos los peregrinos con acento de España. No hay muchas grabaciones de esto, pero he conseguido un minivideo que trata de desmentir toda aquella historia. Sin embargo, a día de hoy, Patricia Talbot sigue insistiendo en que aquellas apariciones fueron reales. La realidad es que mucha gente la creyó y consiguió congregar a más de 100.000 personas en este lugar.

Hoy todo esto ya no se recuerda con tanta fuerza y no se registran las apariciones de los jueves y los sábados en una época en la virgen se apersonaba en varios lugares del mundo al mismo tiempo. Ahora queda este humilde santuario y unas rocas con una estatua de la Virgen, donde María se le aparecía a esta señora. Como sitio de interés vale la pena acercarse a verlo; en sus alrededores todavía venden velas y reliquias de la Virgen de El Cajas.

Después de pasear, comer rico y, por qué no, pasar un poco de frío en esta ciudad, nos regresamos a Quito. Allí, como siempre, disfrutamos de la familia, las comidas familiares y en restaurantes o “huecas”, las escapaditas a Guayllabamba y la visita a diferentes amigos. Sin olvidar que en esta ocasión habían inaugurado el metro, prácticamente idéntico al de Madrid, que, desde la casa de mi cuñada, te deja en el centro histórico más bonito de América Latina en apenas 20 minutos, una maravilla. En uno de esos paseos al centro, entramos en la Catedral Metropolitana, donde se encuentra el mausoleo al Mariscal Antonio José de Sucre, libertador de América, vencedor de varias batallas clave y mano derecha de Simón Bolívar. Sus restos están custodiados día y noche por una guardia de honor de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

Entre las cosas especiales que hicimos en esta visita fue visitar la Asamblea Nacional por dentro, pudiendo conocer finalmente el famoso mural de Guayasamín que tanta polémica ha traído y que en ocasiones han querido quitar algunos partidos de derecha. Parece que todavía resiste… veremos lo que dura. La obra en cuestión se llama “Imagen de la Patria” y está compuesto por un conjunto de paneles que cubren toda la pared del fondo de la sala. El mural plasma la historia de lucha, sufrimiento y esperanza del pueblo ecuatoriano y latinoamericano. En él se representan la cosmovisión andina, las famosas manos que él siempre dibujaba, que simbolizan la súplica, la ira y la resistencia contra la opresión; también tiene rostros de algunos próceres y personajes relevantes de la historia del país, y finalmente la clase obrera y campesina. Se destaca un casco con las siglas de la CIA, que representa la intervención extranjera en la soberanía de los pueblos de América. Entenderéis por qué muchos quieren que este mural desaparezca. Desde mi punto de vista sería un crimen, pero cada cual con su opinión.

Volvimos a San José con unos cuantos kilos de más pero muy contentos.



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