Ohrid, un lago de ensueño

El hostal que elegimos por booking no resultó ser el mejor del viaje. Pared con pared con una sala de juegos de donde entraban y salían personas de dudosa reputación, nos hizo pensar en la posibilidad de que la ciudad de Ohrid no fuese el destino que esperábamos. 

Sin embargo, al despertar, todo ese bullicio (imagino que más del habitual por ser viernes) había desaparecido, y en su lugar, se había instalado un pequeño pueblo a orillas de un lago quieto como el hielo, cubierto de neblina y adornado por los graznidos de las gaviotas. 

Primero desayunamos relajadamente y paseamos un poquito a orillas del lago, disfrutamos del sol que alumbraba su superficie y su horizonte en neblina donde se escondían algunas montañas en sus márgenes. 

Después de esto, nos adentramos por las callejuelas empedradas del pueblo, donde las viviendas blancas y sus ventanas cuadradas parecía que nos diesen la bienvenida. Caminamos visitando las antiguas iglesias ortodoxas existentes en el pueblo, bordeando después los acantilados que dan al lago hasta llegar a la iglesia de San Juan Kaneo, situada en un saliente de la roca, en un lugar privilegiado. Todo este conjunto y el lago fue considerado patrimonio de la humanidad, y no es para menos, caminar por estas calles laberínticas fue una de las cosas más bonitas del viaje. 

Fuimos subiendo entre las calles hasta llegar a la Fortaleza de Samuel, que nos ofreció unas vistas espectaculares al lago y al pueblo. Desde allí ya apreciamos un monasterio más grande y llamativo que los otros, al que nos aproximamos un tiempo después. Resultó ser el Monasterio de San Pantaleón, que por lo que parece es el lugar más sagrado del país, donde cientos de peregrinos llegan cada año. 

Nos llamó la atención también, que por todas partes ofrecían perlas del lago Ohrid. Este lago es el más profundo de los Balcanes y uno de los más antiguos del mundo, pero esto no le da propiedades mágicas ni tiene ostras capaces de vivir en agua dulce. Resulta que estas perlas se elaboran con un proceso artesanal a través de una película gelatinosa que libera una especie de pez endémico del lago, y con una serie de tratamientos de calor, consiguen estos abalorios igualitos a las perlas. Así que tras comprar algunas de regalo, descendimos por donde habíamos venido para proceder por la carretera que rodea el lago en dirección sur destino Albania. 

Antes de toparnos con la frontera albana, nos detuvimos en un curioso complejo turístico en torno al monasterio de Saint Naum, fundado en el 905 y donde el propio Naum está enterrado. Aquello estaba plagado de gente, grupos inmensos de personas de nacionalidades variopintas e inadivinables invadían el complejo utilizando sus restaurantes y playas a orillas del lago. Hasta tal punto que llegamos al monasterio y había gente haciendo fila para entrar. Como ya estábamos a estas alturas saturados de tanto monasterio, directamente ni entramos. Aprovechamos para comernos un helado, para que Juan se diese un baño en el lago, y emprendimos viaje hacia nuestro siguiente destino, Berat, en Albania. 

Nos adentramos en Albania, donde la mujer del control migratorio nos recibió con una sonrisa y hablando en perfecto español. Comenzamos a ver las posibilidades para llegar a donde queríamos, y no encontramos otra opción mas que tomar carreteras secundarias, pues las autopistas no existen por esta parte del país. Sin embargo, estos caminos montañosos llenos de curvas, ganado, tractores y paisajes, fueron maravillosamente bonitos. Entre las montañas y los bosques, se intercalaban valles con campos de cultivos, ríos y lo que parecían puntos de extracción de petróleo abandonados. No he conseguido averiguar nada sobre esta zona, pero en ciertos puntos hasta el aire olía a petróleo. Un curioso contraste para un camino tan bonito. 

Aquí se aprecian los extractores de petróleo

Llegamos finalmente a Berat (la ciudad más antigua de Albania), con los últimos rayos de luz, y nos fuimos directamente hasta el castillo, una ciudadela amurallada situada en lo alto de la ciudad vieja de Berat. Disfrutamos de los últimos rayos del sol sobre el río Osum y paseamos entre las casitas y las ruinas, satisfechos de que los planes estuviesen saliendo hasta ahora tan bien. 


Fecha: 14-28 de septiembre de 2018

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