Albania, el país de Skanderbeg

El casco histórico de Berat está enclavado en una ladera montañosa, y las callejuelas del centro son pasillos estrechos con cuestas pronunciadas que suben laberínticamente entre un entramado de casas blancas apoyadas unas sobre otras. Por la noche no pudimos pasear mucho por ahí, pues la inclinación de las calles lo complica bastante, además de que la falta de iluminación nocturna tampoco ayuda mucho.

El mini restaurante cueva del hotel (casa tradicional) donde nos hospedamos

Hay otras calles más accesibles, como las que se encuentran de camino a la parte nueva de la ciudad o las que bordean el río. Estas calles están iluminadas y son bastante agradables para dar un paseo nocturno. Allí cenamos cordero y el plato típico albanés “fërgesë”, hecho con hígado, huevos, queso de oveja y perejil. Tras esa opípara cena, caminamos a la orilla del río en busca de un helado y disfrutamos de las preciosas vistas de la “ciudad de las mil ventanas”.

Por la mañana aprovechamos para hacer unas últimas fotos de las bonitas casas enclavadas en la montaña y emprendimos viaje hacia el norte del país, esta vez, por carreteras principales, menos atractivas que las del camino de ida. Rápidamente llegamos a Krujë, donde se estableció la capital original del reino de Albania, que después fue tomado por el imperio otomano y liberado por el famoso Skanderbeg, que es considerado como héroe nacional.

En lo alto de la montaña de Krujë, se encuentra una preciosa fortificación histórica para el país, desde donde Skanderbeg lideró la revolución contra el imperio otomano, y la cual, durante la vida de este, nunca pudo ser quebrada pese a sus pequeñas contingencias humanas. Dentro del castillo se encuentra el museo que explica con detalle la revolución, las etapas de conquista del imperio, la batalla ante este y sobre todo la vida del héroe nacional.

Tras el paseíto por el castillo, nos dirigimos hasta Shkodër, a orillas del lago con el mismo nombre. Esta ciudad es famosa, sobre todo, por el castillo de Rozafa, situado en lo alto de una colina con privilegiadas vistas al lago y al río Drin. Este castillo (y la ciudad) nos sorprendió, además de por lo grande y bonito que es, por la cantidad de turistas. Se notaba que nos íbamos acercando a la ruta adriática de Montenegro-Croacia.

El Hollywood Albano
Así se escribe “Albania” en albanés. Igualito, verdad?

Hicimos la visita al castillo esquivando turistas haciéndose selfies y después bajamos a la zona histórica de la ciudad, la cual tiene unas calles peatonales con casas muy bien restauradas y diversos restaurantes y terrazas, lo que le da un aspecto muy agradable que nos permitió relajarnos un poco a la hora de comer.

Partido socialista albanés… igualito al de España
Rezagos comunistas maravillosos

Después de comer y pasear un poco por Shkodër, subimos hacia Montenegro atravesando el Parque Nacional Lago Skadar. Un humedal precioso declarado sitio Ramsar y rodeado de un paisaje montañoso único. Por estas carreteras circulamos despacio para apreciar el bonito paisaje y paramos un rato a hacer unas fotos.

Poquito a poquito fuimos avanzando hasta encontrarnos con el mar Adriático en todo su esplendor; comenzaba a atardecer y nos subimos a una colina mirador en el pueblo de Sveti Stefan, desde donde hay unas vistas a una curiosa península minúscula unida al continente por un istmo más minúsculo aún. Parece que antaño era una aldea de pescadores, que poco a poco fue abandonándose hasta que un resort de lujo compró toda la península y montó en ella un lugar exclusivísimo. De cualquier forma, las vistas son espectaculares, y ver el atardecer desde lo alto fue la mar de relajante.

Sin prisa nos dirigimos hasta la ciudad costera de Budva. de influencia veneciana y por la que han pasado cientos de civilizaciones a lo largo de la historia. Aunque nos pareció la Marbella de Montenegro por la cantidad de yates y gente vestida con polo, pantalones de pinzas y zapatos náuticos, debo decir que el centro histórico amurallado nos pareció una maravilla. Comenzaría a partir de aquí el recorrido de ciudades costeras venecianas maravillosas y maravillosamente plagadas de miles de turistas procedentes de todas partes del mundo.

Ya cansados después del duro y largo día, llegamos finalmente a Kotor, donde cenamos en un restaurante delicioso y paseamos un poco por las preciosas callejuelas del centro antes de irnos a la cama a desmayar literalmente.


Fecha: 14-28 de septiembre de 2018

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