Fecha: del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2020
Como no todo iba a ser recorrer caminos polvorientos, los 煤ltimos dos d铆as los pasamos entre la playa de Chaves y la ciudad de Sal Rei, a ratos echados al sol azotados por el viento, y a ratos mezcl谩ndonos (poco a causa de la pandemia) con sus gentes.
La ciudad de Sal Rei es bastante peque帽a, con una poblaci贸n fluctuante dependiendo de las temporadas vacacionales y la mano de obra que se requiera desde los hoteles. Sin embargo, en los d铆as que pasamos por all铆, la poblaci贸n estaba reducida a m铆nimos. Apenas algunos restaurantes y comercios abiertos, mucha tienda de chinos y un mercado pr谩cticamente vac铆o de productos. Una imagen desoladora en comparaci贸n con lo que normalmente suele ser la capital de esta isla.
El viento, inclemente, azota sobre sus playas, desde las que se puede apreciar el Ilheu de Sal Rei, al que no llegamos a cruzar, y cuya visita nos guardamos para el pr贸ximo viaje. Disfrutamos lo que pudimos en las playas de la ciudad, principalmente en la playa de Estoril, donde un 煤nico bar con tumbonas permanec铆a abierto de jueves a domingo.
Tambi茅n paseamos por sus calles, tanto, que creo que nos las aprendimos de memoria, subiendo y bajando entre la R煤a Santa B谩rbara y la Avenida dos Pescadores; calles, que junto a la plaza principal, concentran toda la vida de la ciudad. Sus habitantes nos observaban curiosos mientras hac铆an sus quehaceres. Los edificios, en construcciones de colores se ven maltratados por la brisa marina, pero la imagen buc贸lica y decadente de la ciudad proporciona una inusual relajaci贸n interna que hace que los d铆as sean largos y tranquilos. En nuestros paseos nos encontramos con algunos pescadores limpiando los atunes reci茅n pescados, y nos inmiscuimos en la pescader铆a municipal, donde algunas mujeres vend铆an las capturas de la ma帽ana.
Fueron unos dos 煤ltimos d铆as de relax y disfrute de una ciudad sin bullicio.






























