Iguaçu desde Brasil

Hice noche en la pequeña ciudad de Foz do Iguaçu, donde diversos turistas recorrían las calles principales en busca de picanhas, caipirinhas y cervezas bem geladas. El calor pegaba duro, y aunque me había imaginado una suerte de pueblo turístico repleto, me sorprendió que finalmente no eran tantos. Madrugué y cogí un autobús hasta la entrada al Parque Nacional do Iguaçu, donde, ahí sí, cientos o miles de extranjeros se abalanzaban sobre las taquillas para comprar sus boletos. Cientos de diversas actividades son ofrecidas y uno se queda aturdido ante tanta opción. Averigüé que en el interior también se podían comprar tickets, por lo que finalmente decidí comprar la entrada sencilla y pensar en las otras actividades durante el camino.

Reducciones Jesuíticas en Paraguay

El autobús me dejó en Encarnación sobre las siete u ocho de la tarde, y cerca de la estación encontré un hostal donde dejar mis cosas. Pregunté por algún lugar para salir a cenar y me recomendaron ir al malecón, donde se estaba organizando una fiesta japonesa… Esta costanera no tenía nada que ver con la de Asunción. Múltiples bares y puestos callejeros adornan todo su recorrido, un clima agradable y unas bonitas vistas iluminadas de la ciudad argentina de Posadas a orillas del Paraná, hicieron que el tiempo aquí fuese muy agradable. Los japoneses habían montado un escenario con espectáculos musicales en vivo. Pude ver un show de tambores y a una cantautora que cantaba en español con acento

Paraguay es Guaraní

Por la mañana me avisaron de la salida de un bus a las 9:30 hacia Asunción desde Pedro Juan Caballero, y que luego ya no había otro hasta la noche, por lo que estuve el primero en la puerta de la migración de Brasil (que abría a las 9:00) para sellar mi pasaporte. Abrieron a las 9:10, y con los nervios, un taxi me llevó rapidísimo hasta la migración en Paraguay, y desde allí hasta la estación de bus. Ya eran las 9:40 y alcanzamos al autobús cuando ya salía por la carretera principal hacia el interior del país. Lo logramos! El viaje prometía, un autobús bastante amplio, cómodo y con pocos pasajeros. Las carreteras de Paraguay son rectas infinitas,

Pantanal do Brasil

Me avisaron en Puerto Quijarro (BO), que desde muy temprano se acumulan las personas en la frontera queriendo pasar hacia Brasil. Aunque la migración no abría hasta las 8:00, recomendaban estar allí un par de horas antes. Llegué a las 6:30 y ya había delante de mí unas 20 personas, y a las 8:00, la fila de gente que se acumulaba detrás de mí, ya era incontable. Todo tipo de personas se agolpaban en esta migración, pero los que más llamaban la atención (a parte de mí), los menonitas. Esta gente se instaló en Sudamérica a inicios del siglo XX, y mantienen unas tradiciones fundamentalistas cristianas basadas en el pacifismo. Su origen se encuentra en Holanda, allá por el siglo

En medio del bosque chiquitano

Amanecí en San José de Chiquitos, y con calma, me dispuse a visitar la iglesia de piedra; la más grande y representativa de toda la zona. No obstante, y aunque es preciosa, no me pareció la más impresionante. Las maderas pintadas de colores de las que había visto el día anterior, tenían un encanto especial. Lo que sí me sorprendió fueron los murales y frescos característicos de la época napoleónica y con Fernando VII en el medio. Aunque no son tan antiguos, parece increíble pensar cómo los habitantes de esta zona tan remota del mundo podían gastar su tiempo en dibujar y rendir culto a alguien al que nunca conocerían. Tras disfrutar de este lugar, me dirigí al terminal de

Desde Viru Viru hasta Ezeiza, por tierra

En esta ocasión, tuve la oportunidad de hacer una ruta rápida por algunos lugares sudamericanos que hacía tiempo que quería conocer. Comenzaría con un billete de ida hasta el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y con vuelta desde el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires (Argentina). En el camino recorrería aproximadamente 5.000 kilómetros, y vería tanta historia y paisajes tan diversos, que si no hubiese tenido siempre una cámara encima, me habría costado muchísimo recordar cada detalle. Aterricé de madrugada en Santa Cruz, dormí en el hostal que tenía reservado y madrugué impaciente por conocer esta ciudad y salir de viaje hacia rutas salvajes. Esta ciudad tiene una conformación curiosa, diseñada en círculos concéntricos

Agua azul turquesa en Plitvice

Esta mañana tuvimos suerte y el sol pegaba con fuerza desde bien temprano. La decisión de dejar para otro día este hermoso parque al encontrarlo con lluvia, valió la pena. Entramos temprano y nos volvimos un poco locos para elegir la ruta adecuada, pues el parque está organizado por diferentes tipos de caminos clasificados por tiempo y dificultad. Sin embargo muchos de ellos se cruzan y acabamos haciendo un híbrido entre dos rutas de dificultad y longitud media. Todo está organizado en pasarelas bastante cómodas y hay barco-taxis que puedes coger en cualquier momento para desplazarte de un lugar a otro. Igualmente hay un trenecito que te trae desde el final del camino hasta la entrada principal, por lo que

Liubliana, una capital con encanto

Temprano en la mañana nos dirigimos hacia Liubliana, la capital de Eslovenia, donde habíamos reservado un free tour para poder conocer la ciudad y recibir alguna reseña histórica de la misma. En la plaza Prešeren, bajo la Iglesia de la Anunciación, se reunieron los grupos y nos dividimos para iniciar el recorrido por la ciudad. Una chica muy divertida nos llevó a pasear por los diferentes atractivos de Liubliana. Allí mismo está el puente triple, una solución que encontró la ciudad para mantener un espacio de tránsito a vehículos, además de otros dos espacios peatonales en sus laterales. No obstante, a día de hoy todo el centro histórico es peatonal, y únicamente, unos minitaxis eléctricos gratuitos circulan por sus callejuelas,

Llegando a Eslovenia: dragones, cuevas y castillos

Amanecimos en Rovinj (Croacia) y buscamos dónde desayunar mientras paseábamos por todo el pueblo. Juan se bañó de nuevo en el agua helada de la mañana adriática y disfrutamos de un agradable paseo por sus calles antes de dirigirnos hacia Eslovenia. La primera parada eslovena después de pasar la frontera fue en la ciudad de Piran, el punto más occidental del país y única salida al mar de este. Es la parte de la península de Istria que sigue siendo eslovena; y su casco antiguo es muy parecido a las ciudades que veníamos visitando los últimos días. Casas antiguas con techos de teja, altas iglesias con campanarios elevados y callejuelas laberínticas empedradas. La parte histórica es muy colorida y moderna

Istria encantadora

Aunque la noche en Plitvice había sido estrellada, se levantó un fuerte viento y amaneció con una tormenta horrible. Después de un buen rato de discusión y de estudio de las opciones que teníamos, decidimos cambiar la ruta; visitar la peninsula de Istria antes de tiempo y regresar a esta lugar un par de días después, donde se indicaba que el clima mejoraría. Lo que sabíamos es que este parque nacional teníamos que verlo, y teníamos que verlo sin lluvia. Así que cogimos el coche y nos fuimos directos hasta Pula, al sur de la península de Istria, que ha sido tradicionalmente habitada por muchos pueblos y que hasta el fin de la segunda guerra mundial, perteneció en su totalidad