He pasado toda esta última semana en el Parque Nacional de las Quirimbas, que se extiende a lo largo de muchos kilómetros, y en la zona de costa se transforma en un archipiélago de ensueño. El motivo del viaje ha sido conocer las iniciativas que AMA (Associação do Meio Ambiente) está llevando a cabo en la zona para sacar ideas aplicables a nuestro proyecto. Allí llevan seis años trabajando y lo tienen muy avanzado, entre paisajes espectaculares nos hemos encontrado con viveros de manglar, espacios para producción de miel, areas de engorde de cangrejos, zonas rotativas de ostras y asociaciones de artesanía. Cruzar de una isla a otra depende de las mareas; el agua baja tanto que no es
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Ya llevo un mes en Cabo Delgado. He pasado bastante tiempo entre manglares, y descubriendo la zona. El otro día, investigando áreas, llegamos a un lugar triste, muy triste. Habían acabado con unas cuantas hectáreas de manglar para construir una salina, y como no tienen maquinaria, esperan a que se pudran las raíces para después sacarlas. La vida en Mecúfi es tranquila, ahora estamos diseñando un estudio para analizar los niveles de degradación del manglar, los niveles de regeneración y también las posibles áreas para hacer viveros y reforestaciones. Es un trabajo complicado porque es un área muy grande, pero estoy deseando empezar, va a ser una buena experiencia.
El pequeño pueblo de Morrebue esconde la playa más bonita en la que he estado en mi vida…. …tranquilidad y agua templada… nada más… Prometo visita para el que se atreva a visitarme.
Taratibu, palabra swahili. Despacio y con cuidado. Eso sugiere el nombre de este santuario de elefantes enclavado en el Parque Nacional de las Quirimbas, al Norte de Mozambique. Allí hemos tenido la suerte de ir a parar este fin de semana; un lugar mágico, lleno de árboles y elevaciones montañosas espectaculares. El acceso solo es posible con cuatro por cuatro y éramos los únicos turistas en el área. El lugar donde nos hospedamos lo regenta un hombre llamado Jacob, amante de la naturaleza y protector de este área tan recóndita. Fuimos a pasear por caminos en el bosque, y de repente se escucharon sonidos cercanos, como de quiebre de ramas. Eran los elefantes, estábamos rodeados y para qué negarlo, sentimos
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Estos días, entre reunión y reunión, pasamos con el coche por la espectacular playa de Chuiba. Pudimos bajarnos para hacer unas cuantas fotos y así enseñar por aquí las excelentes vistas que nos rodean por todas partes. Y añado de regalito final; una foto de los miles de baobabs que rodean el pueblo donde trabajamos. Aquí los llaman embondeiros, y hay miles de historias africanas y fantasías alrededor de ellos. Espero poder ver algún ritual de hechicería antes de irme…
Ya llevo tres días por aquí, y la verdad que a cada segundo me gusta más. Pemba es la ciudad donde pasaré los fines de semana, y quizás algún día entre semana para reuniones o tener acceso a internet. Es una ciudad costera dentro de una bahía y con unas playas espectaculares. La vida se desarrolla alrededor de la costa, y aunque se conduzca por la izquierda como en Inglaterra, el tráfico es muy fluido y la ciudad es poco caótica. Apenas hay coches y solo tiene 150.000 habitantes; la mayoría de sus calles son arcillosas de color anaranjado, y se va la luz cuando menos te lo esperas. Tranquilidad y mucho sol. En Mecufi, a 38 Km., es donde
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Escribo desde África, Mozambique, Cabo Delgado, Pemba. Para llegar hasta aquí he tenido que atravesar dos países; en el primer vuelo, hacia El Cairo, donde tenía mi primera escala, llegamos con dos horas de retraso, de modo que tuve que correr bastante para llegar al siguiente vuelo, que no podía perder, pues supondría quedarme tirado en Dar Es Salaam, Tanzania, algo más de 3 días. Tras la sudada, volamos. Casi ni lo recuerdo, porque las seis horas que duraba el trayecto Cairo-Dar, las pasé durmiendo. Una siesta en la que no pude descansar lo suficiente, pues a las 5:30 nos sacaron del avión para soltarnos al amontonamiento de personas de la ventanilla aduanera. Pasados los trámites migratorios, y tras otra
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La gran mayoría de ustedes ya estaba informada de mi situación, pero siguiendo tradiciones, no he querido publicar nada nuevo en el blog hasta no tener algo clara mi nueva situación. Resulta que se cruzó en mi camino una nueva oportunidad, una oportunidad irrechazable, que me permitirá aprender muchas cosas nuevas. Por lo tanto, y con mucho pesar, dejé atrás mi El Salvador querido y lindo, dejé atrás a toda esa gente a la que he ido conociendo en este año que he pasado en la tierra de los volcanes, y a la que tanto quiero y aprecio. Y, de nuevo, como siempre aterricé en Madrid, el kilómetro 0 de mi vida, el punto de partida y también el
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Aunque no estaba en nuestros planes, la última noche, en Managua, donde teníamos el bus a las cinco de la mañana, salimos por el malecón, vimos la catedral vieja, la casa de los pueblos americanos y el monumento a Rubén Darío, comimos hamburguesas, tostones y acabamos, sospechosamente, bailando reguetón en una de las discotecas de la zona centro…. Volvimos al hotel, y dormimos plácidamente hasta las seis de la mañana, por lo que perdimos el bus y no había más posibilidades de viaje hasta el martes que ya era laborable. ¿La solución? Irnos a visitar León, que queda más cerca de la frontera hondureña. Así que allí nos fuimos, y disfrutamos de otra bonita ciudad colonial algo más grande
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Llegados a Masaya después de abandonar la isla encontramos un cómodo hospedaje en la calle principal del pueblo, paseamos y disfrutamos del agradable y tranquilo ambiente que te ofrece la semana santa en Nicaragua, donde casi todos los comercios están cerrados y la mayoría del turismo nacional se concentra en las playas. Entre autobuses y autostops varios, subimos hasta lo alto del humeante volcán Masaya; rodeamos su cráter dando un paseo y visitamos el centro de interpretación. Después, a la tarde caminamos hasta el malecón de la laguna de Masaya, donde estuvimos buscando la “Pulpería Lucita” de la que habla Bunbury en la canción, y la encontramos… aunque lo que cuenta en la canción parece imposible que haya podido realizarlo
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Aprovechando la contingencia de la festividad de semana santa, nos decidimos por Nicaragua. Un plan improvisado pero premeditado en el que finalmente nos vimos involucradas seis personas. Tomamos un tica-bus de 12 horas San Salvador-Managua y de ahí nos fuimos directos para Granada, donde pasamos la primera noche entre bonitas calles coloniales y a la luz de una luna muy brillante. Respirar tranquilidad, tener aceras y calles peatonales es algo a lo que no estamos acostumbrados aquellos que transitamos frecuentemente las calles salvadoreñas, por lo que la sensación fue placentera hasta unos niveles insospechados. El gaznate se refrescó con unas cervezas Toña y dormimos muy a gusto preparados para el nuevo día. Al medio día salimos hacia la isla de Ometepe, desde
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Sorprendentemente, llegando a la comunidad Santa Rita, y adentrándose un poco, llega uno a la zona protegida por la propia comunidad, en la que tras un paseo de una hora, te haces a la idea de cómo debería ser esta parte del país si no se hubiese deforestado tan bestialmente. Como dice el slogan, “Un paraíso tropical al sur de Ahuachapán”. Cuando me dijeron que había caimanes me imaginé que habría unos pocos, y los alimentarían para los turistas, pero me sorprendí cuando vi la barbaridad de caimanes que había allí, a los que te puedes acercar desde una plataforma, y además, éramos los únicos turistas. La guarda recursos nos acompañó todo el rato y nos explicó la zona,
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Gloria sí puede, y tú, ¿podrías?
Tras un par de días de indecisión, finalmente montamos un grupito, alquilamos un carro y nos fuimos de viaje para la Bahía de Jiquilisco, precioso lugar RAMSAR lleno de manglares y pequeñas islitas. Primero nos fuimos a Puerto Parada, aparcamos y nos fuimos en barca hasta la Isla “La Pirraya”, donde vive una comunidad de pescadores muy tranquila y simpática. El único lugar donde quedarse a dormir se llama “Comité Eco Turístico La Pirraya”; allí una mujer muy amable te alquila cabañas y te da de comer el pescado del día. Tras un paseo de aproximadamente 45 minutos, se llega a la parte de la isla donde rompe el mar directamente, y nos tumbamos a ver el atardecer en una
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Con los proyectos que estoy llevando, paso la semana entre Guaymango, Jujutla, Cara Sucia y San Pedro Puxtla. Y poco a poco me estoy introduciendo en un montón de comunidades perdiditas entre la naturaleza. Algunas impresionantes, otras no tanto, pero sin mucho tiempo para meterme a investigar, porque por lo general, doy un taller y salgo pitando para otro lado. Es un no parar bastante entretenido y cansado. Así que por aquí voy a dejar unas fotillos de los talleres.