Caminando entre gigantes

Taratibu, palabra swahili. Despacio y con cuidado. Eso sugiere el nombre de este santuario de elefantes enclavado en el Parque Nacional de las Quirimbas, al Norte de Mozambique. Allí hemos tenido la suerte de ir a parar este fin de semana; un lugar mágico, lleno de árboles y elevaciones montañosas espectaculares. El acceso solo es posible con cuatro por cuatro y éramos los únicos turistas en el área. El lugar donde nos hospedamos lo regenta un hombre llamado Jacob, amante de la naturaleza y protector de este área tan recóndita. Fuimos a pasear por caminos en el bosque, y de repente se escucharon sonidos cercanos, como de quiebre de ramas. Eran los elefantes, estábamos rodeados y para qué negarlo, sentimos

Dar es Salaam, olores, impresiones y sudores

Escribo desde África, Mozambique, Cabo Delgado, Pemba. Para llegar hasta aquí he tenido que atravesar dos países; en el primer vuelo, hacia El Cairo, donde tenía mi primera escala, llegamos con dos horas de retraso, de modo que tuve que correr bastante para llegar al siguiente vuelo, que no podía perder, pues supondría quedarme tirado en Dar Es Salaam, Tanzania, algo más de 3 días. Tras la sudada, volamos. Casi ni lo recuerdo, porque las seis horas que duraba el trayecto Cairo-Dar, las pasé durmiendo. Una siesta en la que no pude descansar lo suficiente, pues a las 5:30 nos sacaron del avión para soltarnos al amontonamiento de personas de la ventanilla aduanera. Pasados los trámites migratorios, y tras otra

Del Pacífico al Índico

La gran mayoría de ustedes ya estaba informada de mi situación, pero siguiendo tradiciones, no he querido publicar nada nuevo en el blog hasta no tener algo clara mi nueva situación.   Resulta que se cruzó en mi camino una nueva oportunidad, una oportunidad irrechazable, que me permitirá aprender muchas cosas nuevas. Por lo tanto, y con mucho pesar, dejé atrás mi El Salvador querido y lindo, dejé atrás a toda esa gente a la que he ido conociendo en este año que he pasado en la tierra de los volcanes, y a la que tanto quiero y aprecio. Y, de nuevo, como siempre aterricé en Madrid, el kilómetro 0 de mi vida, el punto de partida y también el

León casi por sorpresa

Aunque no estaba en nuestros planes, la última noche, en Managua, donde teníamos el bus a las cinco de la mañana, salimos por el malecón, vimos la catedral vieja, la casa de los pueblos americanos y el monumento a Rubén Darío, comimos hamburguesas, tostones y acabamos, sospechosamente, bailando reguetón en una de las discotecas de la zona centro…. Volvimos al hotel, y dormimos plácidamente hasta las seis de la mañana, por lo que perdimos el bus y no había más posibilidades de viaje hasta el martes que ya era laborable. ¿La solución? Irnos a visitar León, que queda más cerca de la frontera hondureña.   Así que allí nos fuimos, y disfrutamos de otra bonita ciudad colonial algo más grande

Masaya y pueblos blancos

Llegados a Masaya después de abandonar la isla encontramos un cómodo hospedaje en la calle principal del pueblo, paseamos y disfrutamos del agradable y tranquilo ambiente que te ofrece la semana santa en Nicaragua, donde casi todos los comercios están cerrados y la mayoría del turismo nacional se concentra en las playas. Entre autobuses y autostops varios, subimos hasta lo alto del humeante volcán Masaya; rodeamos su cráter dando un paseo y visitamos el centro de interpretación. Después, a la tarde caminamos hasta el malecón de la laguna de Masaya, donde estuvimos buscando la “Pulpería Lucita” de la que habla Bunbury en la canción, y la encontramos… aunque lo que cuenta en la canción parece imposible que haya podido realizarlo

Granada, Ometepe y sus volcanes

Aprovechando la contingencia de la festividad de semana santa, nos decidimos por Nicaragua. Un plan improvisado pero premeditado en el que finalmente nos vimos involucradas seis personas. Tomamos un tica-bus de 12 horas San Salvador-Managua y de ahí nos fuimos directos para Granada, donde pasamos la primera noche entre bonitas calles coloniales y a la luz de una luna muy brillante.   Respirar tranquilidad, tener aceras y calles peatonales es algo a lo que no estamos acostumbrados aquellos que transitamos frecuentemente las calles salvadoreñas, por lo que la sensación fue placentera hasta unos niveles insospechados. El gaznate se refrescó con unas cervezas Toña y dormimos muy a gusto preparados para el nuevo día. Al medio día salimos hacia la isla de Ometepe, desde

Santa Rita, la santa de los caimanes

Sorprendentemente, llegando a la comunidad Santa Rita, y adentrándose un poco, llega uno a la zona protegida por la propia comunidad, en la que tras un paseo de una hora, te haces a la idea de cómo debería ser esta parte del país si no se hubiese deforestado tan bestialmente. Como dice el slogan, “Un paraíso tropical al sur de Ahuachapán”.   Cuando me dijeron que había caimanes me imaginé que habría unos pocos, y los alimentarían para los turistas, pero me sorprendí cuando vi la barbaridad de caimanes que había allí, a los que te puedes acercar desde una plataforma, y además, éramos los únicos turistas. La guarda recursos nos acompañó todo el rato y nos explicó la zona,

Los manglares de la bahía

Tras un par de días de indecisión, finalmente montamos un grupito, alquilamos un carro y nos fuimos de viaje para la Bahía de Jiquilisco, precioso lugar RAMSAR lleno de manglares y pequeñas islitas. Primero nos fuimos a Puerto Parada, aparcamos y nos fuimos en barca hasta la Isla “La Pirraya”, donde vive una comunidad de pescadores muy tranquila y simpática. El único lugar donde quedarse a dormir se llama “Comité Eco Turístico La Pirraya”; allí una mujer muy amable te alquila cabañas y te da de comer el pescado del día. Tras un paseo de aproximadamente 45 minutos, se llega a la parte de la isla donde rompe el mar directamente, y nos tumbamos a ver el atardecer en una

Sentirse millonario por dos días

Este fin de semana, después de informarnos de que el tsumami proveniente de Japón alcanzó el impactante tamaño de 5 centímetros, decidimos irnos a la playa para estar tranquilos. Entre unas cosas y otras y mediante contactos que no explicaré porque serían aburridos para ustedes, lectores ajenos a mi entorno salvadoreño, acabamos en un rancho a orilla de acantilado. Pudimos reposar en las piscinas saladas que se rellenan con las olas del mar y leer con unas preciosas vistas de fondo, mientras corría la brisa y no se escuchaban más que los ruidos de las olas y las chicharras. Me he sentido durante dos días como un cafetalero completamente afortunado. PD: Felicidades a mi querido hermano, ojalá pudiese regalarte un

Copán, ruinas y dieciocho conejos

El viaje relámpago de este fin de semana ha sido del todo improvisado, me llamaron el viernes y me dijeron “hay un espacio en un carro camino a Copán, te animas?” y claro, no pude decir que no. En cinco horas nos plantamos en el pueblo de Copán Ruinas, tras pasar la frontera El Salvador-Guatemala y Guatemala-Honduras.   El pueblo es pequeñito, con su placita, su iglesia y MUCHA tranquilidad. Los paseos por el pueblo a la noche han sido algo de agradecer. Pero el atractivo del lugar son las ruinas mayas que se encuentran a 10 minutos caminando. No son enormes, pero tienen muchas estelas bien conservadas, unos relieves preciosos a todo detalle. Además se pueden visitar por debajo

Comayagua y sus balnearios artificiales

El jueves y el viernes se realizaron unas jornadas sobre cambio climático en Siguatepeque, Honduras, y para allá que me llevaron en un microbusito, porque me tocó hacer una presentación en el evento. Pasamos dos días muy entretenidos, ya que, además de lo interesante del acto, por las noches siempre caían unos flor de caña para fomentar la plática y amistad entre los participantes. Tanto fue así, que decidí quedarme hasta el domingo, visitando una pequeña ciudad colonial llamada Comayagua junto con mis compañeras de Progressio Honduras. El sábado en la mañana teníamos idea de subir al parque nacional Montaña de Comayagua, pero se nos escapó el bus y ya no había modo de ir y volver en el mismo

Entre bosques nebulosos, trifinios y quetzales

Este fin de semana fuimos al parque nacional de Montecristo, junto con El Imposible, las dos únicas zonas protegidas eficazmente de El Salvador. Hay que solicitar permiso al ministerio de medioambiente para poder acceder al lugar, aunque es curioso como el área recreativa se llena de domingueros los domingos, valga la redundancia, que nunca llegan a adentrarse en los atractivos senderos que posee este parque.   Con acceso únicamente desde la zona salvatrucha, el cerro trifinio es la frontera entre Guatemala, Honduras y El Salvador. La subida hasta la cima es bastante sencilla, con un agradable paseo entre helechos arborescentes, orquídeas, musgos, lianas y otros tantos seres vegetales. Un bosque húmedo tropical repleto de biodiversidad, donde, secretamente, se esconden las

y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido….

Con alegría y lágrimas en los ojos, vimos partir a la banana, con Massimo, Nicoletta y María en su interior. Rumbo al norte, rumbo a México, donde comenzará el largo viaje por toda América Latina. El proyecto de banana-arte pretende llegar hasta Ushuaia… y ya veremos cómo se les recibe cuando pasen de nuevo por aquí, y ya veremos cuantas veces nos los volvemos a encontrar por el mundo. De momento, se les puede seguir la pista en el blog de Nico e Massi, donde han prometido ir contándonos lo qué van haciendo y los puntos a los que van llegando.   Salud amiguitos, les extrañaremos!

La Tierra respira a través de ausoles

Este fin de semana, con motivo de la despedida de Sara, nos hemos ido a unas casitas en Ahuachapán. Un lugar llamado “los ausoles”, palabra náhuatl, que viene a significar “fumarola volcánica”. El lugar es impresionante, han canalizado todas las aguas termales en unas piscinas de diferentes temperaturas donde uno se puede bañar y quedarse extasiado por horas. Un lugar con una gran fuerza natural que deja a uno boquiabierto ante las cosas asombrosas que tenemos en el planeta.   Los ausoles en sí están en los alrededores, y les hicimos una visita, pero entre el humo azufrado que sueltan, el calor y el gran olor, uno se queda mareado de la intoxicación. Los geiseres lanzan barro hacia arriba y

Tegucigalpa. Entre picachos y montañas

Tras un viaje atravesando Estados Unidos y miles de controles aduaneros de todo tipo que mejor ni mencionar, aterrizamos en Teguz, capital Hondureña montañosa y de complicado aterrizaje.   Me vinieron a buscar de Progressio, me enseñaron la oficina, me presentaron a la gente de la sede de Honduras y me llevaron al hotel para descansar. Al día siguiente, ya con el jet lag superado, cada día tuve reuniones con cada una de las personas de Progressio. Yo que me imaginaba triste y aburrido encerrado en el hotel por las noches, me encontré una gente impresionante que me sacó a cenar, a tomar y a pasear por diferentes lugares típicos catrachos.   También tenía organizado un tour rápido por la