Luambe, o el dulce canto del hipopótamo

La salida desde North Luangwa es a través de las arenas del río, por un lugar llamado el pontoon, donde, si no fuese por las indicaciones de los rangers que vigilan la puerta, probablemente nos habríamos quedado hundidos en el lodo. Salimos airosos de aquello y continuamos por las carreteras de arena que se bifurcan tantas veces como estrellas hay en el firmamento. Pasamos entre las múltiples aldeas que circundan el parque y sus respectivos cultivos; admiramos las bonitas casas de arena redondas y pintadas de colores, y nos perdimos tantas veces que aún me sorprende que esté sentado en esta silla escribiendo esto. No podemos dejar de agradecer a la página tracks4africa, a la guía Bradt, que nos proporcionó

El valle de Luangwa, comencemos desde el Norte

Después de alquilar un Toyota Hillux Surf y meter todo nuestro equipaje en la baca gracias a las filigranas de Jara y Teresa, emprendimos la marcha hasta Mpika, puerta de entrada hacia el Parque Nacional de North Luangwa. Nos esperaban dos jornadas de carretera y pocas cosas visitables en el camino, sin embargo, gracias a la emoción que teníamos en el cuerpo y la ansiedad por el viaje, se nos hizo corto y poco pesado. A mitad de trayecto, hicimos una breve parada en las cuevas Nachikufu. Son unas cuevas bastante mal conservadas, pero en las que se pueden ver pinturas rupestres de más de 15.000 años de antigüedad, con formas de elefante, cazadores con arco o siluetas ceremoniales. Un

Smoke that thunders

– ¿Y cómo decís que llamáis a esto? – preguntó el Dr. Livingstone secándose el sudor de la frente al detenerse a contemplar tan bello espectáculo de la naturaleza – “Mosi oa Tunya”, que significa “El humo que truena” – dijo uno de los acompañantes locales de la expedición. – Muy bien, a partir de ahora se llamarán “Cataratas Victoria” y Yo las he descubierto – añadió el Dr. Livingstone.  – Ok… – respondió el nativo con cara de pena.  Como bien habréis averiguado, no conseguí conexión a internet en todo el viaje, o al menos, si la conseguí, no dispuse del tiempo suficiente ni de los medios adecuados para actualizar esto a tiempo real.   Finalmente me encontré en

Paso a paso descubro Lusaka

Anoche llegué a Lusaka, bastante tarde, y tras un pequeño susto con un cajero automático que se tragó mi tarjeta nada más llegar, puse los pies en el hostal en el que tenía planeado dormir. El asunto del cajero conseguí arreglarlo porque tuve suerte y el banco estaba abierto; tras suplicarles y rogarles me devolvieron la tarjeta y me salvaron el culo…   Hoy he paseado por la ciudad, llena de supermercados inmensos y una distribución de las calles al estilo Johannesburgo, he paseado bajo el sol un buen rato. Me he metido en uno de los mercados del centro, donde venden cachibaches chinos y discos piratas, lo típico de los mercados africanos que he visto hasta ahora. También he

Mareja

Sí, es cierto que este país tiene un gran número de atractivos, pero también es cierto que desde Cabo Delgado, el acceso a muchos de ellos es prácticamente impensable de tan remoto. El tiempo de un fin de semana tampoco ayuda,  y las carreteras están en malas condiciones. Por todo esto, y porque nos gusta, volvimos al Parque Nacional das Quirimbas. Contactamos con un pequeño campamento llamado Mareja, en la zona Sur-Este del parque, donde hay unas casas para quedarse a dormir y un grupo de chicos muy amables te enseñan la zona. Al igual que en el campamento Taratibu, desde aquí paseamos con Peter, un “ranger” (guardaparques) inglés, que se dedica a patrullar la zona con su equipo y

Islas nuestras de cada día

Nuevos destinos y nuevos caminos. Esta vez, al norte, de nuevo hacia el Parque Nacional das Quirimbas. Y es que este lugar da para mucho. Entre caminos de arena de playa, con el 4×4 a todo trapo y esquivando cocoteros, gallinas, cabritos y niños. El coche subía y bajaba “estilo guerra” (como dicen aquí). Y así, poco a poco, y entre bache y bache, llegamos a Pangane; un pueblito de pescadores aislado del mundo, donde instalaron la electricidad el año pasado.     El pueblo termina en un saliente hacia el mar, donde un hombre tiene algo a lo que denomina “camping”. Allí, mires donde mires, hay playa; una playa que es la letrina de la comunidad, lo que le

Por fin montaña

Aunque con retraso, revuelvo a la vida operacional del blog. Ya pasadas las vacaciones y retomado el ritmo habitual de trabajo, aprovecho para hablar, brevemente, sobre el fin de semana en que nos fuimos al interior.   Visitamos al fin Montepuez, esta especie de far west mozambicano con calles anchas y casas grandes. Un lugar diferente a la playera Pemba, pero con una forma de vida más mestiza. Aquí confluyen chinos, indios, tanzanos, europeos y toda clase de mundos inimaginables. La explotación de minerales en esta zona es algo misterioso pero que mueve muchas personas.   Rodeada de montañas rocosas aprovechamos para visitar algunas comunidades de la zona y al día siguiente fuimos a hacer una excursión (roca a través)

Salir de Swazilandia es sencillo

Tras estos días de pausa, lluvias, destrucción de carreteras y dolores de cuello debido al cuatro por cuatro, recupero el acceso a internet y tengo un tiempo para seguir contando el pequeño paseo por el Sur de África.   Retomamos camino hacia otro parque de Swazilandia, esta vez hacia Mlilwane Wild Sanctuary, un lugar mágico donde puedes dormir en las casas tradicionales Swazis, y muchas de las rutas que se pueden hacer son a pie, no hay grandes carnívoros, y las zonas de cocodrilos e hipopótamos, están relativamente controladas. Darse un paseo entre cebras y ñus con toda tranquilidad por la mañana ayuda a asegurarte un buen día. Sin embargo, llegar hasta allí por las carreteras de este país y

Hlane, leones entre monocultivos

Entré en Swazilandia consciente de dónde estaba entrando. El país con el índice de VIH más alto del mundo. Un país pequeño, donde su población está concentrada y del que yo desconocía prácticamente todo, salvo que existe un rey bastante peculiar que tiene nosecuantas esposas y nosecuantos miles de hijos. En el propio puesto fronterizo hay un dispensador de condones, y no te los dan de uno en uno, no; te dan un paquete con una docena de preservativos, lo que impacta a cualquiera nada más llegar.   En fin, un país que yo imaginaba chocante resultó convertirse para mi, en el país más extraño jamás visitado. Una vez pasamos las carreteras de arena entre montañas, llegamos a un mundo

Carretera y abismos

Estoy escribiendo esto con un chorro constante de sudor resbalando desde mis sienes hasta la barbilla; las gotas se me acumulan en el pantalón, que va filtrando el humano fluido y provocando una mancha de aspecto desagradable que no para de crecer. Me encuentro en Pemba, sin electricidad, y por tanto, sin ventilador. No hay nada más desagradable que la humedad dentro de un edificio de cemento situado en pleno meollo de una ciudad tropical. Aprovecho mis últimos minutos de energía en la batería del portátil para escribir esto, mientras espero al servicio de reparaciones eléctrico, que puede demorar una hora, dos o incluso toda la noche.   Venía de Mecúfi pensando en actualizar esto, pensando en la relativa maravilla

Sudáfrica “Fake África”

Ya había ganas, no solo de ver a mi prima Irene sino de salir un poco de vacaciones. Han sido diez días intensos, con mucho movimiento, pero que han merecido la pena y me han ayudado a desconectar un poco de este Norte de Mozambique, maravilloso y precioso, pero a veces estresante por el calor y su propio ritmo tropical.   Vuelo hacia Johannesburgo, donde llegaría dos horas antes que mi prima y sus amigos, tiempo en el cual aprovecharía para alquilar un coche. Era día 23 de Diciembre y la idea era pasar noche cerca del aeropuerto y salir temprano para pasar la noche del 24 en Phalaborwa, las puertas del parque nacional Kruger.   Como siempre cabe esperar,

IBO (Ilha Bem Organizada)

De nuevo en Pemba, y de nuevo chapa.   Salimos hacia el ya famoso en este blog, Parque Nacional das Quirimbas. Este archipiélago es grande y las actividades por hacer son muchas. Aunque ya había pasado por allí una semana, aún me quedaban unas cuantas cosas más por hacer en la zona (aparte de relajarse y disfrutar escuchando el mar mientras sube y baja). Desde nuestro campamento central en la Isla de IBO, hicimos un par de visitas interesantes. Fuimos a la nada, literalmente. Cuando baja la marea, se descubre un banco de arena, un islote precioso, en mitad del océano azul. Una maravilla para la vista y para el cuerpo. Rodeado de corales (aunque ciertamente algo profundos, y de

Parque Nacional de Gorongosa

Nos montamos en aquella chapa con forma de autobús soñando que sería más cómoda que la anterior, y sin embargo, la maleta sobre nuestras piernas impedía la circulación sanguínea de cintura para abajo gangrenando progresivamente la mitad de nuestro cuerpo. Aguantamos, sobrevivimos a ese infierno móvil con más paradas que kilómetros recorridos y pasamos la noche en Nampula, donde descansamos estupendamente hasta el día siguiente. Allí nos esperaba un viaje en avión hasta Beira, provincia de Sofala, para visitar el Parque Nacional de Gorongosa.   Este parque, antes de la guerra era un sueño de la biodiversidad africana, sin embargo, una de las bases militares de la guerra se montó nada más y nada menos que en mitad del parque,

Ilha de Mozambique

Retomo el blog después de unas pequeñas vacaciones alrededor del norte de Mozambique. Vino mi amigo Juan Ceñal de visita, y nos hemos recorrido algunos puntos impresionantes de este alargado y diverso país.   Normalmente, suelo actualizar esto durante los viajes, tratando siempre de hacer entradas por cada etapa del viaje; sin embargo, el acceso a internet es complicado y lento, de modo, que he esperado a estar en casa para poder ir subiendo las correspondientes entradas de cada etapa del viaje.   Comienzo con Ilha de Mozambique, pequeña isla colonial unida a tierra por un puente de 3 Km, donde los portugueses hacían antaño sus tratas de esclavos, al igual que en la isla de Ibo, sobre la que

Arquipélago das Quirimbas, entre corales, historia y decadencia.

He pasado toda esta última semana en el Parque Nacional de las Quirimbas, que se extiende a lo largo de muchos kilómetros, y en la zona de costa se transforma en un archipiélago de ensueño. El motivo del viaje ha sido conocer las iniciativas que AMA (Associação do Meio Ambiente) está llevando a cabo en la zona para sacar ideas aplicables a nuestro proyecto. Allí llevan seis años trabajando y lo tienen muy avanzado, entre paisajes espectaculares nos hemos encontrado con viveros de manglar, espacios para producción de miel, areas de engorde de cangrejos, zonas rotativas de ostras y asociaciones de artesanía.   Cruzar de una isla a otra depende de las mareas; el agua baja tanto que no es