Que desmadre de ciudad, motos por aquí, coches por allá, vendedores ambulantes, mujeres de compañía, libros, películas y discos piratas, cables enmarañados, olores, ruidos, luces. Algo caótico con mucho encanto. Apenas un par de noches en esta ciudad para conocer el ambiente y a algunos compañeros de habitación con los que pasé unas horas jugando al billar han sido suficientes para hacerme una idea de la bulliciosa gran ciudad de Ho Chi Minh (antigua Saigón). Tiene unos mercados bastante interesantes en los que puedes encontrar los cascos originales (o eso creo, porque aquí todo es de dudosa procedencia) de la invasión de Estados Unidos. Cascos como el famoso que aparece en “La Chaqueta metálica” con inscripciones de paz y otras
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Mui Né no era para tanto, básicamente una carretera llena de hoteles apartada del pueblo, una playa que está perdiendo la arena por la erosión del mar y por construir donde no se debe y que, además, está repleta de hilos de nylon con anzuelos, por lo que el riesgo de ser “pescado” es bastante alto. Pese a todo, los alrededores son maravillosos. Un conductor de moto me llevó a visitarlos porque yo no me atrevo a manejar una moto (primero porque no sé y segundo por el loco tráfico de este país). Fuimos a ver las dunas blancas, el lago de flores de loto, las dunas rojas y “el río por el que se camina hasta llegar a una
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Hoi An es un lugar pequeño pero encantador, sus calles principales discurren cercanas a un río muy bonito. Llena de casas coloniales francesas, con un mercado chiquito pero con bastante movimiento, donde se puede comer Cao Lau, característico por sus fideos planos de arroz cocidos en un pozo de la zona, con picatostes, cerdo, hojas de algo y brotes de soja. Por la noche salen las ratas, ratas como conejos que trepan por todos los edificios, pero al mismo tiempo se encienden por todas las calles principales un sinfín de farolillos de colores, el puente y el río también se iluminan, ofreciendo un espectáculo nocturno único en la región, y los roedores pasan desapercibidos ante esta embriaguez visual. Lo más
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Llegamos Miguel y yo a Hué, y nos rodeó una nube de cazaturistas ansiosos por llevarnos a algún hostal. Conseguimos apartarlos cual masa de zombies y caminamos hasta encontrar un lugar barato para pasar la noche. Era medio día, por lo que pudimos pasear por la ciudad; la zona antigua está amurallada y dentro de la muralla existe otra muralla que esconde la ciudad prohibida de Hué, un lugar interesante que está en constante restauración, porque lo que quedan por allí son prácticamente ruinas. Anduvimos bastantes horas y nos sentamos en lugares con encanto a tomar café, que por cierto es riquísimo en todo Vietnam. A la noche conocimos a algunas personas y la pasamos bien por los alrededores del
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Pasar la frontera China/Vietnam es toda una experiencia; la frontera de China, tan ordenada, con sus policías militarizados poniendo orden y seriedad al asunto, hizo que fuese muy fácil cruzarla. Sin embargo, y una vez llegados al paso fronterizo vietnamita, aquello era un campo de concentración, millones de personas apelotonadas en una ventanilla donde había que, literalmente, tirar tu pasaporte y esperar que te lo sellasen sin comprobar ni tu foto ni nada de nada….así, y con mucho calor, empezó la aventura vietnamita. En el bus conocí a un grupillo de gente curiosa, con los que compartí una noche de hostal en Hanoi. Paseé por esa caótica y maravillosa ciudad llena de motos, bicis, coches y todo tipo de aparato
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Bueno, no era previsible, como podría saberlo? Salí de Hong Kong y me metí en China, ese mundo paralelo donde nadie te entiende, un lugar maravilloso en el que es demasiado fácil perderse. Los gestos nos son validos, las palabras en inglés tampoco. Mi libro de conversaciones en chino parecía obsoleto y para colmo los blogs y el facebook están censurados, por eso no he podido actualizar esto en toda la semana. Ahora escribo desde Hanoi (Vietnam), y ya tengo acceso a internet. No sé por donde empezar, creo que lo mejor sera hacer un resumen de mi pequeño periplo chino, y cuando vuelva a España, crear entradas individuales para cada lugar. Primero salí de Hong Kong en tren, pase
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(Esta es la entrada que iba a poner al irme de Hong Kong) Y adiós Hong Kong, ya llevo dos días y medio de pateadas alucinantes por esta ciudad y sus alrededores. La verdad es que es un lugar espectacular, digno de película. Ayer estuve caminando por la isla de Hong Kong, que esta mas al sur de Kowloon que es donde me quedo a dormir, se cruza en el Star Ferry un barco que te cobra 20 céntimos de euro para cruzarte a la otra isla; una vez allí paseé por el Soho, entre restaurantes con menús en chino, y me atreví a entrar en uno y pedir algo al azar…fue divertido y sabroso, sentado en la misma mesa
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Asi camino por las calles de esta enorme ciudad, miro hacia arriba porque no encuentro el fin de los rascacielos que quedan a mi lado. Escucho palabras que no entiendo, leo letreros que tampoco entiendo, soy minoria y mis ojos rasgados no son lo suficientemente rasgados para poder pasar desapercibido. Estoy quedandome en una planta 9 en un rascacielos lleno de hostales, y mi habitacion es como un cajon, cuatro paredes y un colchon, no hay ventana y apenas cabe uno depie, pero tiene aire acondicionado y ventilador, porque si no el calor es insoportable. Para lo que necesito la habitacion, que es dormir y ya esta, me vale. Ademas en el hostal me tramitan la visa para entrar en
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De vuelta en Madrid, con tanto calor como el que hace en El Salvador, donde nunca jamás usé ninguna de mis prendas gruesas. Es extraño este retorno, tras cinco meses rondando Centroamérica me quedo con una sensación de algo incompleto; el proyecto ha salido bien, la experiencia en la UNES ha sido maravillosa, aprendí muchísimo y me gustaría retornar. He conocido mucha gente buena, que me ha sabido tratar y me ha querido muy bien. Me despidieron por todo lo alto con fuegos artificiales y pinturas corporales. Y aunque se quedaron algunas personas importantes sin despedir, espero volverlas a ver en un futuro. El Salvador es un país muy grande en un territorio muy pequeño. Gracias pulgarcito de América!! Y
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Se acerca el final, al menos por un rato, y como era mi último domingo, me merecía un paseito por más pueblos con encanto. Esta vez fuimos para La Palma, San Ignacio y Tejutla. Pueblos pequeños con casas de tejas, paredes de colores y La Palma en especial con mucha artesanía característica. No hay mucho que hacer, pasear tranquilamente, sacar fotos, tomarse algún café, comprar cositas y descansar, que para eso sirven los domingos. Los viajes en autobús por El Salvador siempre son sorprendentes con sus vendedores ambulantes y sus cosas locas. y de regalo la foto de la paloma picaheridas
Tras varios intentos de ir al Imposible, finalmente fue posible; nos ha hecho buen tiempo y hemos podido disfrutar de la naturaleza en estado pleno, “el último reducto” de El Salvador. Este parque nacional, que fue un paso de comercio cafetero y cuyo nombre viene por un desfiladero de paso estrecho que había que pasar para trasladar la mercancía, dio muerte a muchos hombres y a sus mulas. Actualmente quedan en él dos parejas de puma, que morirán en los próximos años y se extinguirá este bonito animal en este pequeño país tan deforestado por las malas manos que lo han manejado durante muchos años. Se trata de un bosque tropical bien conservado y bien protegido, que lamentablemente ha quedado
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Existe un departamento llamado Ahuachapán, y en su región norte hay una serie de pueblitos de ensueño perfectamente situados entre las montañas, donde uno respira aire puro y se olvida de que existe San Salvador. Este fin de semana estuve allí con Brenda, paseando y conociendo. Casitas de colores con techos de teja, dibujos en las paredes y gente amable y sonriente que te saluda al pasar. La ruta la hicimos en autobús, dos asientos corridos a cada lado del pasillo y el conductor gritaba “topense hacia el lado, tres y dos, tres y dos!!”. Finalmente llegamos hasta Juayua, donde almorzamos en la feria de gastronomía que montan los fines de semana, bebimos chicha artesanal y horchata de maní. Compramos
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El viernes pasado, junto con la UNES, hicimos una marcha protesta desde una de las plazas más emblemáticas de San Salvador (La Plaza Barrios) hasta la casa presidencial, para reclamar por todos los problemas medioambientales evitables que existen en el país. En la caminata pasamos por varios lugares bellos y por algunos no tan bellos, aproveché para visitar el muro de los desaparecidos en el parque Cuscatlan; un muro interminable con los nombres de los desaparecidos y asesinados durante la guerra salvadoreña que se prolongó doce años. Da rabia mirarlos y pensar en todas las familias que quedaron separadas. Aunque el día comenzó con lluvias, terminó con mucho sol y casi me da una insolación, aún tengo restos de piel
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Este fin de semana ha caído la graaan lluvia. Una lluvia que no ha parado en dos días. Pero no una lluvia de esas de las que conocemos en España, flojitas y con un granizo gordo de vez en cuando. Aquí, cada gota es como un cubo de agua directo a la cabeza, y como dije, no ha parado durante dos días. La tierra no ha podido tragar más y se ha saturado, los ríos han crecido y han subido por encima de los puentes y las carreteras; las carreteras y los puentes se han roto y se han caído. Las comunidades se han inundado y los campos de cultivo se han anegado. Una locura, pero desde San Salvador, en
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Desde que llevo viviendo en esta casa, y según me cuentan, desde hace unos cuantos meses antes, había una furgoneta Volkswagen en el garaje, completamente desmontada y hecha piezas. Esta semana pasada, por fin la arrancamos por primera vez, la furgoneta de Mássimo parecía que recobraba vida. Tras unos días rodando por la ciudad, hemos decidido hacer el primer viaje familiar con ella. Nos hemos ido a Santa Julia, a unas lagunillas de domingueros donde hemos comido sopa de gallina y helados. Ha sido un día divertido y entretenido; al menos hemos salido de la monotonía de la capital. Estas últimas semanas he tenido esto un poco abandonado porque he estado de trabajo hasta el cuello, y parece que seguirá
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